Jesús Santos fue presidente de ESMASA entre 2019 y 2025. Dedicó su vida al servicio público, aunque muy especialmente a la Empresa de Servicios Municipales de Alcorcón. En ella comenzó a trabajar en 2003, como operario de recogida de residuos sólidos urbanos, con apenas 22 años. Desde entonces, ESMASA empezó a ocupar un lugar muy especial en su corazón. Porque ESMASA y Alcorcón, como solía repetir una y otra vez, le corrían por las venas.

En 2005, obtuvo su plaza fija en la empresa, tras aprobar la oposición. Fundó la sección sindical de CGT de la compañía y se convirtió en presidente del Comité de Empresa de ESMASA, posición desde la que siempre defendió a los trabajadores y trabajadoras de la compañía, así como los diferentes servicios públicos que son competencia de la empresa.

Jesús conocía cada turno, cada esfuerzo invisible, cada detalle y cada dificultad, porque las había vivido en primera persona. Entendía ESMASA no como una empresa cualquiera, sino como un servicio público esencial, como una comunidad de trabajadores y trabajadoras que merecían dignidad, seguridad y respeto. Defenderles siempre fue su prioridad, y lo convirtió en una obligación desde su llegada a la política municipal en el año 2015.

Tras las Elecciones Municipales de 2019, Jesús fue nombrado presidente de ESMASA. En aquel momento, la empresa atravesaba uno de sus momentos más difíciles, con graves problemas económicos y un futuro complicado. Pero Jesús se puso al frente con valentía y con una idea muy clara: ESMASA debía seguir siendo pública, fuerte y al servicio de la ciudad de Alcorcón. En poco tiempo, logró estabilizar las cuentas, ordenar la gestión y demostrar que lo público, cuando se cuida, funciona. Donde antes había incertidumbre, empezó a haber solvencia, planificación, crecimiento y orgullo colectivo.

Durante su etapa al frente de la empresa, Jesús impulsó mejoras visibles en la limpieza y el mantenimiento de la ciudad, pero también transformaciones menos visibles y quizá más importantes. Apostó por la seguridad laboral, incorporando sistemas pioneros para proteger a los trabajadores en los camiones de recogida. Defendió condiciones laborales más justas, el diálogo con la plantilla y el primer Plan de Igualdad de la historia de ESMASA, convencido de que una empresa mejor empieza por tratar mejor a su gente. Además, con él en la presidencia, la compañía asumió las labores de limpieza y mantenimiento de los colegios públicos de la ciudad, por lo que los trabajadores y trabajadoras de limpieza de estos centros educativos pasaron a quedar integrados en la plantilla de ESMASA.

Jesús también miró al futuro. Promovió la innovación, la sostenibilidad y la transición ecológica, impulsando proyectos vinculados al reciclaje, la eficiencia energética y la colaboración con universidades. Bajo su liderazgo, ESMASA se convirtió en un referente de gestión pública moderna, comprometida con el medio ambiente y con el bienestar de la ciudad.

Gracias a ello, la empresa consiguió distinciones de relevancia internacional como la Escoba de Platino, la Escoba de Oro y la Escoba de Plata, que premian a los municipios por sus buenas prácticas en limpieza urbana, gestión de residuos y sostenibilidad. Además, ESMASA resultó galardonada en diferentes ediciones de Pajaritas Azules, reconocimiento anual que pone en valor la excelencia en lo relativo al reciclaje del papel y el cartón.

Aunque, más allá de los datos, los premios o las certificaciones, el mayor legado de Jesús Santos fue humano. Fue un presidente cercano, coherente y profundamente comprometido, que nunca olvidó de dónde venía ni para quién trabajaba. Defendió ESMASA desde su presidencia con la misma pasión con la que defendió a sus compañeros cuando era uno más, y dejó una huella que va mucho más allá de su cargo.

Por todo ello, ESMASA y Alcorcón no solo recuerdan a un gestor eficaz, sino a una persona que creyó en lo público, en la justicia social y en la fuerza de la gente trabajadora. Su legado sigue vivo en la empresa que ayudó a levantar y en la ciudad a la que dedicó su esfuerzo y su vida, en la que dejó una huella imposible de borrar.

Sirvan estas líneas para recordarle como se merece. Hasta siempre, compañero. Descansa en paz.

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